Brasil golea a Escocia

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Vinicius Junior observa y entiende que él también tiene que formar parte de los titulares, de los listados de grandes jugadores que están cumpliendo con honores en este torneo. Ese lugar de Messi, Cristiano, Haaland o Mbappé, ese es su sitio en el torneo. Ha marcado en cada uno de los tres partidos que ha disputado en el campeonato, ha repartido alguna que otra asistencia más. Está jugando como la estrella que es.

En este caso tocaba Escocia como rival con muchas cosas por jugar todavía. Brasil empezó a presionar, mordiendo mucho, con un juego moderno que quizás no se relaciona tanto con la historia del país pero que este combinado de Ancelotti sabe hacer a ráfagas.

Solo se habían disputado seis minutos cuando esa presión surtió efecto. Rayan fue a presionar a la defensa escocesa y la posesión volvió a ser brasileña. El balón le llegó a Vinicius, que con un recorte ligero dejó al portero Agnus Gann haciendo la estatua y marcando el tanto a placer.

Era un buen inicio que Brasil necesitaba, porque en los campeonatos cortos ser primero es importante, y el cuadro de Ancelotti lo sabía. Como a esta última jornada llegaba empatada a puntos con Marruecos, era de entender que cuantos más goles pudiese marcar mejor. Había que cuidar el goal Average, esa métrica que estos días todo el mundo busca.

Pudo aumentar la ventaja unos minutos más tarde, cuando marcó un gol que el árbitro decidió anular después de verlo en el VAR por una falta del atacante brasileño sobre el defensor. No era un gol, pero sí una muestra de las revoluciones con las que había salido Brasil al campo, el tipo de energía que estaban dispuestos a poner para lograr su objetivo.

Con esa intención Brasil siguió y siguió, percutiendo el área de Escocia que tenía mucha más voluntad que capacidad, pues el partido les rebasaba por todos lados. En esa dinámica siguió el partido cuando Vinicius marcó su segundo gol, que era también el segundo de su equipo. Un ataque bien trenzado de los brasileños terminó en un centro pasado al segundo palo. Por ahí apareció Vinicius, que cabeceó con suavidad y puso así el 2-0 en el luminoso.

Al comenzar la segunda mitad, el ritmo bajó un poco. Brasil era consciente de que el partido de Marruecos no estaba siendo sencillo, por lo que su resultado, sumado a la holgada victoria que había logrado contra Haití, hacían casi seguro que iban a conseguir la primera plaza del grupo, lo cual era un objetivo complicado con un rival como los africanos merodeando por ahí. El sufrido empate de la primera jornada resultó ser suficiente.

Para asegurarse del todo, marcaron un tercero, esta vez sin Vinicius de por medio, obra de Cunha tras un envío de Bruno Magalhaes. Encadenar dos partidos con 3-0, sin importar los rivales, siempre es motivo de alegría, pero no fue lo único que procuró a Brasil esa sensación. En el minuto 76 entró Neymar en el campo, y eso es algo importante por lo futbolístico y por lo psicológico. Hoy en día Ney probablemente no es el jugador que fue, pero esa clase de talento y liderazgo siempre suma. A Vinicius tampoco le vendrá mal que haya otra estrella mundial a su lado acompañando en el trayecto.

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