Carlos Alcaraz terminó su US Open como había empezado a plantearlo: buscando respuestas. Las encontró durante cuatro horas y 28 minutos en una de las noches más exigentes de su regreso. Algunas fueron incómodas. El español llegó a vomitar durante el partido, atravesó momentos en los que su físico parecía llevarle al límite y tuvo que encontrar una manera de reconstruirse cuando Ben Shelton había tomado el control.
También encontró otras mucho más importantes.
Alcaraz volvió y compitió.
Se exigió hasta el último punto. Y, sobre todo, terminó sano.
Carlos Alcaraz terminó su US Open como había empezado a plantearlo: buscando respuestas. Las encontró durante cuatro horas y 28 minutos en una de las noches más exigentes de su regreso. Algunas fueron incómodas. El español llegó a vomitar durante el partido, atravesó momentos en los que su físico parecía llevarle al límite y tuvo que encontrar una manera de reconstruirse cuando Ben Shelton había tomado el control.
También encontró otras mucho más importantes.
Alcaraz volvió y compitió.
Se exigió hasta el último punto. Y, sobre todo, terminó sano.


