Brasil despide a Japón 

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Brasil llegó a los octavos de final  de la manera más sufrida posible. Los de Carlo Ancelotti necesitaron remontar, aguantar y esperar hasta la final para doblegar 2-1 a Japón en el Estadio Houston, en un partido que tuvo más de thriller que de trámite.

El Estadio Houston fue testigo de un duelo que tuvo a Japón como gran protagonista en la primera etapa. Los Samurais Azules, vestidos de blanco, propusieron un juego ordenado que resultó infranqueable para una Canarinha que circuló el balón sin encontrar los espacios necesarios para generar peligro real.

Los contragolpes japoneses comenzaron a inquietar hasta que al minuto 29, Kaishu Sano colocó un remate desde la frontal del área que se coló al fondo de la red. Brasil sintió el golpe y no encontró respuestas en lo que restó de la primera parte.

En el complemento, la Canarinha salió con otra cara. Bruno Guimaraes probó con un cabezazo que Zion Suzuki desvió, luego ocurrió una jugada que el estadio todavía no termina de explicarse cómo no terminó en gol, y al minuto 55 llegó el empate: otro cabezazo, esta vez de Casemiro, para poner el empate.

Brasil creció con el partido igualado. Vinicius tuvo el segundo, pero Suzuki volvió a aparecer para negárselo en una actuación que mantuvo a Japón con vida cuando todo indicaba que los brasileños sentenciarían.

Cuando el partido parecía encaminarse a la prórroga, Japón perdió un balón en el bloque bajo. Bruno Guimaraes recibió y ayudó con un pase milimétrico a Gabriel Martinelli, que definió ajustado al palo para desatar el festejo brasileño en el último suspiro.

La Verdeamarela se llevó una victoria agónica que lo clasificó a los octavos de final, donde aguarda el ganador del cruce entre Costa de Marfil y Noruega. Los de Ancelotti llegan a esa instancia con la confianza de haber resuelto un partido complicado y con la certeza de que, cuando el torneo aprieta, Brasil sabe aparecer.

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